Olaf Hajek

Olaf Hajek nació en 1965 en Rendsburg, Alemania.

Es uno de los ilustradores más reconocidos de Alemania y, a través de innumerables obras, ha desarrollado su estilo personal y frecuentemente premiado.

Hajek descompone las fronteras entre la autenticidad y el pensamiento, el folclore, la mitología, la religión, la historia y la geografía de América del Sur. Más que nada, su trabajo explora la oposición entre la imaginación y la realidad en el contexto de las culturas occidentales.

Hajek se enfoca con entusiasmo en maravillas, actos heroicos, alucinaciones y motivos de cuentos de hadas. Con virtuosismo artístico y cálculo intelectual, reubica y recombina varios títulos de la realidad, plantándolos dentro de nuevos y emocionantes marcos connotativos místicos. Las figuras desproporcionadas a menudo se representan posadas frente a los primeros y los fondos teatrales.

Las imágenes de Hajek se crean generalmente aplicando acrílico sobre cartón y se asemejan a los carteles publicitarios cubanos de la década de 1960 por la técnica con la que crea la pátina artificial. Conservan una sensación gráfica valiosa a pesar de su apariencia pintada.

Olaf Hajek es un pintor inmerso en un mundo de fantasía surrealista y belleza melancólica. A partir de diversas referencias, como la fotografía de estudio africana de los años 60, la perspectiva del renacimiento y las naturalezas muertas holandesas del siglo XVII, su trabajo se basa en el color y la textura de las imágenes folclóricas.

El trabajo más reciente de Hajek es una maraña hipnótica de formas botánicas

y color. Realizado en acrílico sobre paneles de madera, Hajek utiliza marcas desgastadas y exquisitamente finas para crear una rica pátina en la superficie. Entretejida en el tejido de la obra, la imagen de la flor se utiliza como una metáfora seductora pero contradictoria de la fertilidad, el veneno, el crecimiento y la descomposición.

Al igual que los pintores holandeses de los siglos XVI al XVIII, su obra analiza la brevedad de la vida a través de la captura de la esencia vital de las formas vivas y la lucha continua por la vida, donde la belleza se hace más preciosa debido a su fugacidad. A través de la yuxtaposición de la figura humana con su caleidoscopio incandescente de flora y fauna, Hajek observa la frágil relación de las humanidades con la naturaleza y sus ciclos de nacimiento y muerte.

Olaf Hajek – CV

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